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17 de Diciembre de 2016,

en la Biblioteca Eugenio Trías, antigua Casa de Fieras de El retiro, Madrid:

2ª sesión de los encuentros De Atenas a Casablancacurso 16-17:

Homenaje a Gustavo Bueno II:

Lectura y análisis de La metafísica presocrática y ¿Qué es la filosofía?

Como homenaje al filósofo español fallecido el pasado agosto hemos iniciado en el Grupo De Atenas a Casablanca el estudio de su sistema filosófico con el documental La vuelta a la caverna y la lectura y análisis de algunas de sus obras. Hemos empezado con dos obras fundamentales: ¿Qué es filosofía? y La metafísica presocrática. En la sesión del pasado día 17 se leyó, además, el obituario “Gustavo Bueno y la fuerza vital de la filosofía”:

Gustavo Bueno y la fuerza vital de la filosofía,

El Mundo, 8 de agosto 2016

José Sánchez Tortosa

“El hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría es una meditación no sobre la muerte, sino sobre la vida”.

Las palabras de Spinoza abocan a una paradoja: no hay hombres libres. O casi. Vivir una vida que merezca ser vivida, la que es examinada constantemente, sin perder tiempo en la angustia por la muerte, que no es nada para nosotros, es lo más parecido a un hombre libre. Spinoza, Sócrates, Epicuro… Gustavo Bueno. El profesor Bueno encarnó siempre esa vitalidad esencial del filosofar, en alerta constante y fiel a un racionalismo materialista innegociable. Esa exigencia teórica y académica, de rigor implacable pero irreverente, crítica hasta poner en ridículo a Descartes o a Kant, es clave para entender algo inaudito: la construcción de un sistema filosófico firme, coherente, de una arquitectónica conceptual ejemplar, capaz de corregir los desenfoques que inducen a confusiones y mixtificaciones sobre la Historia del pensamiento filosófico y científico y, al mismo tiempo, eficaz para proyectar ese análisis sobre el presente y sobre cualquier ámbito de la realidad en la que los seres humanos andan inmersos, desde las ciencias o la religión hasta el deporte o la telebasura. Un sistema como sólo hay acaso una docena en la Historia del pensamiento filosófico.

Gustavo Bueno no ha sido sólo un agudo polemista, genial, incómodo, divertido, antipático, brillante, dispuesto a fajarse sin rubor en las arenas más alejadas de las torres de marfil de los intelectuales contra pitonisas, echadores de cartas o folclóricas (como algún colega le reprochara rebajarse a acudir a coloquios en ciertos programas de TV él respondía preguntando “¿Cuántos teoremas has demostrado tú entretanto?”…, y escribiendo dos libros sobre televisión). No sólo ha sido un erudito y un sabio, un maestro y un profesor. Ha sido el filósofo en lengua española más importante desde Ortega, y superior a él, y uno de los más sólidos de todo el siglo XX. El materialismo filosófico de Bueno constituye un arsenal crítico disparado contra las majaderías, banalidades y supersticiones de una postmodernidad patética y homicida que merece ser destruida con las armas de la racionalidad de estirpe griega.

Gustavo Bueno era ya en vida una institución, el pensamiento en acción, contundente, feroz, el tábano picoteando a una Atenas adormecida que no quiere o no puede despertar. Su fuerza no se apaga por motivos biológicos porque no está sólo en sus textos, sino que es una maquinaria filosófica de pensamiento en marcha al servicio de la inteligencia, del estudio, de la crítica sin concesiones y se mide a la escala de la Historia, tal es su alcance. Es, además, un clavo ardiendo al que aferrarnos para soportar o sobrevivir en este marasmo de barbarie que nos acecha, siquiera para dar algunas bocanadas y ser de los que nunca renuncian a la razón, aun a costa de renunciar a llevar razón.

Estamos obligados, en estos momentos, a rendirle tributo pensando en la vida y no en la muerte, en lo que Gustavo Bueno (su obra, sus textos, sus conferencias, su sistema) tiene de vivo. Habrá que rumiar esta orfandad en la que deja a la Filosofía, pero sería traición abandonarnos al lamento o la resignación. Celebremos que en España, en español, haya existido una figura de su magnitud y que nos lega un instrumental teórico impar para diseccionar la realidad y, en lo que se pueda, operar sobre ella. Vivir es pensar contra la muerte. Negarse a morir en vida. Gustavo Bueno fue ejemplo de eso como hombre libre. La muerte no nos lo podrá arrebatar del todo.

 

 

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